Volver a nacer con otro cuerpo
Y he aquí que estoy viva después de haber perdido mi pierna izquierda hace un año. No pensé que podía sobrevivir, pero una fuerza me impele a seguir. No tengo mucha injerencia en ella, solo me empuja... Push Push forward... Ha sido una experiencia fuera de lugar, inesperada y extraña, habitar otro cuerpo después de casi 60 años! No es fácil, no se trata de tener ahora una pierna y media, se trata de tener un "muñón", que es absolutamente diferente. Es un pedazo de carne grueso que se separa, de forma involuntaria, de la pierna restante cuando estoy recostada. Es una pieza desconocida, con un actuar propio e independiente, y también con sus infernales dolores neurales. Cruzar las piernas es un concepto que ya no existe. Caminar, por ahora, tampoco. Una actividad tan cotidiana y automática, que apenas si reparé en ella algún día. Los primeros días me invadió una angustia espantosa al pensar que ya no iba a morir con mi cuerpo completo, con el cuerpo con el que había nacido. Al pasar el tiempo, comprendí el oscuro origen de este absurdo temor. Lo que sucede es que solamente las personas amputadas tienen el extraño y doloroso privilegio de vivenciar, con todos sus sentidos, la destrucción, la corrupción de su cuerpo. La mayor parte de la gente se enferma o se accidenta y muere. Y ahí empieza la corrupción. En nuestro caso, no es así. Puedo decir que mi cuerpo empezó a morirse exactamente hace un año. Me sobrevivo con lo que queda, que no es poco, aquello que me permite anudar estas palabras y percibir el amor que me prodigan ciertos seres humanos. Cálidos, resueltos, incondicionales. Ellos me elevan, me cargan literalmente en sus brazos, y es la única razón que me impulsa a seguir en esta tierra, desgastada, arañada por mis uñas llenas de sangre, sin haber podido nunca desenterrar el sentido.
Comentarios
Publicar un comentario